Mejorar el medio ambiente comienza consigo mismo

Cuando una persona tiene un medio ambiente interior sano, puede comenzar a ocuparse de mejorar el ambiente que le rodea, incluyendo sus relaciones interpersonales, alimentación, naturaleza, etc.

Si no hay paz consigo mismo, difícilmente podrá interesarse de corazón en mejorar su medio ambiente exterior. El medio interior depende fundamentalmente del tratamiento de nuestra vida afectiva.

En vez de escribir sobre el tema, dejo a una de mis estudiantes hacerlo, quien logra resumir muy bien las ideas claves.

Cordialmente,

Sergio Valdivia

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Mejorar el medio ambiente comienza consigo mismo

Las emociones son reacciones subjetivas al ambiente que van acompañadas de respuestas neuronales y hormonales, generalmente experimentadas como agradables o desagradables y consideradas reacciones adaptativas que afectan nuestra manera de pensar.

En esencia, todas las emociones son impulsos para actuar. La raíz de la palabra emoción es motere, el verbo latino “mover”, además del prefijo “e” que implica alejarse, lo que sugiere que en toda emoción hay implícita una tendencia a actuar. Cada emoción prepara al organismo para una clase distinta de respuesta.

Las emociones poseen tres componentes: fisiológicos, subjetivos y conductuales.

Los componentes fisiológicos proporcionan al animal la energía que ayuda a enfrentarse a las emergencias que hicieron surgir la emoción en primer lugar. Por eso las emociones han sido denominadas respuestas de huida o escape.

Los componentes subjetivos corresponden al entrelazamiento de sentimientos y pensamientos, es decir, a la evaluación cognitiva de lo que se experimenta.

Los componentes conductuales incluyen las expresiones faciales, gestos y acciones implicadas en la emoción.

Estos 3 componentes interactúan entre sí, de modo que los pensamientos alteran los sentimientos y viceversa; o el manejo de las reacciones fisiológicas (ej: ritmo respiratorio) pueden generar una emoción determinada.

El asiento de toda pasión de acuerdo con Goleman, es la amígdala; Ésta es especialista en los asuntos emocionales. Actúa como centinela emocional y depósito de la memoria emocional.

Como centinela emocional, la amígdala es la generadora de nuestras reacciones automáticas e inmediatas en caso de emergencias (miedo, ira, etc); de las reacciones capaces de “asaltar el cerebro”. Estas reacciones emocionales automáticas quedaron también grabadas debido a su valor para la supervivencia.

La respuesta emocional efectuada por la amígdala es muy rápida pero descuidada. Esto tiene un pro y un contra. Por una parte, la respuesta inmediata de la amígdala se hace necesaria en situaciones de emergencia en donde detenerse a reflexionar podría costar la vida; pero por otra parte, dicha respuesta se basa en pequeños trozos de información del medio. Es así, como para la amígdala no es necesario saber qué es algo exactamente para saber que podría ser peligroso, entonces, genera una señal de alarma en el cerebro y una respuesta inmediata y muchas veces inapropiada a la situación. Esta respuesta tiene su sustrato en el circuito: oído/vista-tálamo-amígdala.

Sin embargo, la mayor parte de la información del medio pasa desde los órganos de los sentidos al tálamo y de allí a la neocorteza. Los lóbulos frontales en este caso, son los encargados de generar una respuesta emocional apropiada; y en el caso de los asaltos emocionales provocados por la amígdala, son los encargados de regular la respuesta emocional y generar otra más adecuada en base al análisis más completo de la situación.

También, la neocorteza permite la sutileza y complejidad de la vida emocional, sus distintos matices, la capacidad de tener sentimientos con respecto a nuestros sentimientos, etc.

Es así, como a parte de la mente racional que caracteriza al ser humano, tenemos una mente emocional que tiene su propia lógica y que desplaza la razón. Creemos ser seres racionales, analíticos, reflexivos, inteligentes, sin embargo las emociones nos desbordan muchas veces en las distintas situaciones de la vida diaria afectando nuestro equilibrio y paz interior. Por ejemplo, al conducir en automóvil, enojarse cuando las cosas no resultan como uno quiere, sentir culpa, miedos que nos inmovilizan, etc.

Según cuenta un antiguo relato japonés, un belicoso samurai desafió en una ocasión a un maestro zen a que le explicara el concepto de cielo e infierno. Pero el monje respondió con desdén: "No eres más que un patán. ¡No puedo perder el tiempo con individuos como tú!"

Herido en lo más profundo de su ser, el samurai se dejó llevar por la ira, desenvainó su espada y gritó: "Podría matarte por tu impertinencia". "Eso", repuso el monje con calma, "es el infierno".

Desconcertado al percibir la verdad en lo que el maestro señalaba con respecto a la furia que lo dominaba, el samurai se serenó, envainó la espada y se inclinó, agradeciendo al monje la lección. "Y eso", añadió el monje, "es el cielo".

Las emociones capaces de crear el infierno o el cielo.

Inteligencia emocional no es ahogar las emociones, sino dirigirlas y equilibrarlas. ¿Cómo?

Según Sergio Valdivia, E-Moción significa Energía en Movimiento. Las emociones dan color a nuestra vida, chispa a nuestras relaciones y significado a nuestros actos. El estado y características particulares de nuestras emociones, determinan la salud de nuestro mundo afectivo y el papel social que ocupa nuestra personalidad.

Si en vez de viajes turísticos hablamos de emociones, la brújula para no perdernos es la Inteligencia. La inteligencia representa el conocimiento de la dirección, la tensión adecuada y el momento oportuno para disparar la flecha de la emoción.

“Las emociones movilizan la vida de manera primordial, y la Inteligencia Emocional implica que nuestras emociones nos movilicen y que nuestra razón nos guíe".
(Dr. Leslie Greenberg)

Ernestina Pereira, Instituto CIRCULO ALEPH

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